Seres que no parecen humanos, enigmáticas «luces voladoras», túneles kilométricos, asombrosos restos arqueológicos… Son algunas de las incógnitas que se dan cita en una región selvática del estado venezolano de Barinas. Uno de nuestros reporteros, experimentado investigador arqueológico, ha viajado a la zona para descubrir huellas de una cultura desconocida cuyas ruinas se encuentran ocultas bajo la majestuosa frondosidad de la jungla. Una noche de febrero de 1997, antes de mi enésimo viaje a Venezuela, soñé que descubría en el estado de Barinas una ciudad perdida, cuya pista llevo siguiendo más de veinte años. Durante ese tiempo localicé en dicha región numerosos restos arqueológicos y recopilé leyendas que apuntaban a la existencia, en plena selva, de las ruinas de una cultura desaparecida.
A los dos días de aterrizar en este país americano, visité a unos buenos amigos, el matrimonio formado por la antropóloga Elide Salas y José Ignacio Vielman, director del Taller Municipal de Arte de la ciudad de Barinas, quien tenía preparada una sorpresa: me mostró la ampliación de una fotografía aérea en la que se apreciaban unas formas artificiales y escalonadas, idénticas a las que pude «ver» en mi experiencia onírica jornadas atrás. Al observar la imagen con mayor detenimiento, enseguida reconocí la zona; justo el territorio en el que en su momento encontré decenas de petroglifos y dónde con tanto ahinco busqué pistas de construcciones precolombinas.
No tardamos demasiado en desplazarnos al lugar en cuestión, donde recopilamos interesantes testimonios entre sus pobladores. Un anciano nos aseguró que a escasos kilómetros de su humilde vivienda, en una zona de difícil acceso, existía un asentamiento de indígenas «no contactados» por el hombre blanco, pues había escuchado el cacareo de gallinas, además de hallar plantas sembradas por seres humanos y observar construcciones ocultas entre la maleza. Al día siguiente, concertamos una entrevista con la directora de la Dirección de Turismo del Estado, a quien le mostramos ampliaciones de las vistas aéreas. Impresionada por lo que estaba contemplando, prometió hablar con el gobernador de Barinas para que pusiera a nuestra disposición un helicóptero del Ejército, a fin de sobrevolar la zona y captar mejores fotografías de las supuestas construcciones. Lamentablemente, poco después se desataron en el lugar unos terribles e incontrolables incendios forestales que imposibilitaron cualquier tipo de vuelo, pues la visibilidad era nula
Blog dedicado a la gran varidad de enigmas de nuestro pais, Venezuela, y en el resto del mundo. Fenómenos Paranormales tales como: Ovnis, criaturas misteriosas, pueblos fantamas... todo esto y más misterios realmente interesantes aquí.
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sábado, 18 de septiembre de 2010
jueves, 18 de junio de 2009
LUGARES MISTERIOSOS: LA MONTAÑA DE SORTE

La montaña de Sorte está ubicada cerca de Chivacoa, en el Estado Yaracuy. En el sitio se venera a una diosa indígena, culto local venezolano, conocida como María Lionza y es muy visitado por los peregrinos en Semana Santa.
María Lionza, considerada en el mundo del espiritismo la reina de las cuarenta legiones, formadas por diez mil espíritus cada una, es quien preside el altar. Junto a ella se coloca a Guaicaipuro, cacique que luchó valientemente contra los conquistadores españoles en el valle de Caracas y líder de la Corte Indígena; y a Negro Primero, el único negro con rango de oficial en el ejército de Bolívar, quien dirige la Corte Negra.
Pero está montaña no solamente es visitada por peregrinos; si no también por toda clase de brujas, hechiceros, mediums, shamanes, adivinadores, y muchas personas curiosas, que desean hacer alguna petición. Aunque sólo sea por aprovechar la gran cantidad de energía que fluye por la montaña, y no por venerar a María Lionza, y esto, hace que este enigmático lugar cada día se llene más de energías negativas y espíritus malignos... Y la montaña de la Sorte pase a ser de un lugar de luz, a uno sombrío, lleno de fantasmas malignos y malos augurios. Exiten cientos de relatos de personas que han visitado la montaña, y que han visto como otros parecen ser poseidos por entes; y gente deambulando sin rumbo por la montaña como encerrados en ella, atrapados por algún maleficio.
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